
Artistas entregados a la bohemia, a la vida de los bares y cafés, llevando en no pocas ocasiones una vida dura y miserable. Pululaban por allí, en el Bateau-lavoir, en el Lapin Agile, en La Butte -la famosa colina que corona el barrio-, además de Picasso, Juan Gris, Braque, el cuál se entregaba los Domingos a bailar valses con las muchachas en el Moulin de la Galette, Suzan Valadon y su hijo el genial y alcohólico Maurice Utrillo, los fauvistas Matisse, Derain y Vlaminck, Van Dongen, más tarde también Modigliani y Severini. Incluso a grandes de una época anterior como Degas, al que era fácil ver observando a las lavanderas que le insultaban al creerlo un viejo mirón. Junto a ellos poetas como Max Jacob o el genial Apollinaire que tanto hizo por dar a conocer a Picasso y el cubismo.
El pintor malagueño, que abandonó Montmartre en 1910, recordará durante toda su vida sus años en el Bateau-Lavoir, no en vano allí encontró la amistad, el amor con su primera compañera Fernande Olivier, además allí fue donde inventó el cubismo, que marcaría para siempre la historia del arte. Allí fueron los artistas en tropel a ver su cuadro de "las señoristas de Avignon", entre admiración y también no pocas burlas.
El crítico de arte Jean-Paul Crespelle, autor del libro, es especialista en el arte de la época entre 1870 y 1914, su interés es sobretodo estudiar y conocer los lugares donde se desarrollaron las grandes experiencias artísticas. Buen conocedor, acercarse a esta obra es descubrir el mundo donde estos artistas trabajaron, sufrieron, se enamoraron, donde se divirtieron y realizaron sus bromas y calaveradas. Es acercarse a ese mundo de los bohemios de París, lleno de personajes curiosos, hoy irremediablemente desaparecido.
Jean-Paul Crespelle, La vida cotidiana en el Montmartre de Picasso, Argos Vergara, Barcelona, 1983.